Según la información publicada por la reconocida publicación estadounidense The New York Times, se aproxima una posible noticia secreta e importante para la economía y la política global: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se prepara para hacer un anuncio sumamente importante acerca de la firma de un acuerdo comercial con Gran Bretaña

Fuentes del periódico aseguran que ya el jueves, el jefe de la Casa Blanca tiene la intención de anunciar la celebración de un nuevo acuerdo comercial con un posible socio estratégico clave — los Estados Unidos. Los detalles de este evento siguen siendo totalmente secretos, aunque el propio Trump ya dejó entrever futuras negociaciones globales en su publicación semanal en la red social Truth Social. Allí informó que el miércoles por la noche insinuará “grandes cambios” en las relaciones comerciales bilaterales. Lo más importante — afirmó el presidente estadounidense — es que no especificó con qué país o países planea firmar un nuevo acuerdo comercial. Sin embargo, según palabras de Trump, esa misma mañana en la Oficina Oval habrá una “gran conferencia de prensa” con el anuncio de una “gran y muy respetada nación”, que será el primer paso en una serie de varias acciones similares. Es evidente que este acuerdo representa uno de los primeros pasos importantes en el período post-pandemia, ya que tras la imposición por parte de Trump de numerosos aranceles y barreras comerciales con decenas de países del mundo, ahora busca reorientar las relaciones económicas. Se sabe que anteriormente el presidente aplicó altas tarifas para proteger a los productores internos, en particular en los sectores automotriz y siderúrgico, pero a finales de 2023, declaró de manera bastante enérgica la posible suspensión temporal o la reducción de estas restricciones para crear un ambiente favorable para nuevos acuerdos comerciales. Según expertos, la firma de un acuerdo de este tipo con Gran Bretaña podría resultar ser un éxito bastante significativo, ya que ambos países llevan tiempo buscando una colaboración económica más estrecha, contando con condiciones ventajosas para el intercambio de bienes y servicios. Aún no se conocen los detalles exactos de los compromisos que formarán parte del documento final, pero según la información disponible, se habla de reducir los aranceles británicos sobre los automóviles estadounidenses importados y productos agrícolas, así como de eliminar los impuestos británicos para las corporaciones tecnológicas estadounidenses. Otro aspecto relevante es la política arancelaria. Por un lado, Gran Bretaña no estaba sujeta a tarifas “recíprocas” más altas, ya que EE. UU. compra más a Gran Bretaña de lo que le vende, por lo que Trump no tiene intención de eliminar el arancel actual del 10 %, aplicado a ciertos productos importados, como el equipo británico. Por otro lado, para el nivel superior del 25 %, impuesto a la importación de acero, aluminio y automóviles, los líderes británicos insisten en su eliminación. Este asunto queda abierto y, aparentemente, podría ser objeto de negociaciones adicionales. En general, los expertos señalan que esta iniciativa es sólo una parte de la política más amplia de la administración Trump para la firma de acuerdos comerciales con otros socios clave, como la India, Israel, Corea del Sur, Japón y Vietnam. Consideran que Trump ahora tiene la oportunidad de sentar las bases para nuevos acuerdos, que, según él, probablemente serán más limitados que los tradicionales multilateralismos. Incluso durante su primer mandato, Trump firmó varios “miniacuerdos”, que normalmente abarcaban sólo ciertos ámbitos del comercio internacional. En resumen, para Gran Bretaña, este acuerdo podría significar un paso importante hacia la estabilización y fortalecimiento de los lazos económicos con EE. UU., mientras que para el primer ministro Kira Starmer, este acto diplomático sería un logro político que confirmaría sus posiciones de liderazgo y su estatus de “estrella” entre los políticos británicos. En medio de esta noticia, no se puede ignorar el hecho de que la administración Trump está activa en negociaciones con varios otros países, especialmente con Israel e India, además de continuar dialogando sobre nuevos acuerdos con Corea del Sur, Japón y Vietnam. Al mismo tiempo, los expertos sugieren que Trump podría anunciar la firma de acuerdos más cortos y limitados, destinados a responder rápidamente a desafíos específicos en lugar de seguir una política comercial integral a largo plazo, que habitualmente realizan muchos países a través de sus parlamentos. Esto lo corroboran varios “miniacuerdos” previos, que han llevado a EE. UU. a un nuevo nivel en las negociaciones comerciales en un corto período de su mandato. Es evidente que este paso de Trump podría redefinir el panorama global del comercio, volviéndolo más flexible y fragmentado, mientras EE. UU. obtendría instrumentos más ágiles para maniobras políticas y económicas rápidas y específicas. Qué consecuencias concretas tenga para la economía mundial y los socios comerciales europeos sigue siendo una incógnita, pero en esa dirección, el rumbo podría cambiar sustancialmente el equilibrio de poder y las reglas del juego en los mercados globales.