Las capitales europeas buscan tensamente formas de evitar un conflicto con Donald Trump en vísperas de una importante cumbre de la OTAN, temiendo que cualquier decisión imprudente o provocadora pueda arruinarla
Según información del prestigioso periódico Financial Times, la situación en Bruselas y otras capitales europeas se caracteriza por un nivel elevado de nerviosismo y una tendencia hacia la prudencia en las maniobras diplomáticas. Dentro de esta estrategia, los representantes oficiales de la Unión Europea llaman a una suspensión temporal de cualquier acción significativa respecto a EE. UU. hasta que se clarifiquen los resultados de los próximos acontecimientos en la cumbre de la OTAN, prevista para junio en La Haya. Según fuentes, diplomáticos y funcionarios de diferentes países saben que en Bruselas se insiste en minimizar al máximo los riesgos y evitar cualquier acción que pueda conducir a una confrontación con el presidente estadounidense. Esto implica, en particular, la suspensión de decisiones importantes relacionadas con la cooperación con EE. UU. hasta que quede claro el resultado de la cumbre de la OTAN. Los líderes europeos buscan reducir la inquietud en las relaciones con Washington y limitar al máximo el alcance de la cumbre para no dar oportunidad a Trump de crear obstáculos, aumentar la tensión o potencialmente provocar un conflicto. Las conversaciones en las capitals y las tensas negociaciones con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se centran en cómo calmar al impredecible presidente estadounidense. Al mismo tiempo, en Bruselas, se pide a la Comisión Europea que se abstenga de confrontaciones públicas abiertas con la Casa Blanca en vísperas de eventos clave. Esto incluye evitar provocaciones en los debates sobre sanciones comerciales en respuesta a los aranceles impuestos por Trump contra Europa, aplazar decisiones sobre la compra de nuevas armas dentro de la UE o en EE. UU., y abstenerse de criticar la política estadounidense respecto a Ucrania y la cuestión de la anexión de Groenlandia. Según señalan altos cargos, la tensión previa a la cumbre en La Haya se intensifica, y la tarea principal ahora es garantizar una transición lo más fluida posible del evento y mantener la unidad de la OTAN. Uno de los principales objetivos es hacer que Trump se sienta valorado y que perciba que su visita le resulta útil, al tiempo que se evita crear situaciones que puedan provocarlo a arruinar la cumbre o desencadenar un conflicto de crisis. Cabe destacar que en Bruselas y otras capitales también se están desarrollando activamente planes sobre el futuro de la capacidad de defensa europea. La idea principal es diseñar una transición confiable y estructurada desde la dominación de EE. UU. en la protección de la región hacia una mayor independencia y autonomía europea en materia de defensa. Altos cargos de la OTAN y de la Unión Europea subrayan que la formación de dicho sistema podría tardar entre cinco y diez años, considerando la necesidad de incrementar los presupuestos de defensa y modernizar las fuerzas armadas. En este contexto, la financiación es una cuestión crucial. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, propuso un nuevo modelo de financiación que permita a los países miembros cumplir con la exigencia de Trump de aumentar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB. Este enfoque tiene como objetivo garantizar una contribución más equitativa y coordinada a la seguridad común, reducir la dependencia de EE. UU. y sentar las bases para una política de defensa más autónoma de los países europeos. Se espera que durante la cumbre de la OTAN en La Haya se discutan temas relacionados con reducir la dependencia de Europa de EE. UU. en recursos militares y crear un sistema de defensa más estable y autosuficiente para la región. Los planes y debates en torno a este tema se convertirán en los aspectos centrales de las negociaciones estratégicas en los próximos meses. Según analistas y diplomáticos, Europa lleva mucho tiempo necesitando crear su propia infraestructura de defensa capaz no solo de responder a las amenazas actuales, sino también de enfrentarse activamente a potenciales desafíos futuros. Por lo tanto, el tenso laberinto diplomático en el que se encuentra Bruselas refleja el deseo de encontrar un equilibrio entre mantener la estabilidad en las relaciones con EE. UU. y la necesidad de formar gradualmente una política de defensa independiente. Todo esto sucede en un contexto de advertencias y pronósticos de que en el futuro esta dinámica podría conducir o al fortalecimiento de Europa y su capacidad de defensa autónoma, o a nuevas crisis y conflictos con la principal potencia mundial.