En general, en el corazón de la administración estadounidense surgió una nueva estrella con chispas de decisiones desconocidas y, según algunos datos, bastante caóticas, que afectaron directamente la cuestión del apoyo militar a Ucrania

Chas Pravdy - 06 mayo 2025 14:29

Según la agencia de noticias Reuters, el escenario que se desarrolló en el período previo al inicio del segundo mandato presidencial de Donald Trump se convirtió en un ejemplo de las divergencias internas y la falta de coordinación que podrían haber tenido un impacto significativo en la orientación político-militar de Estados Unidos en el contexto del conflicto en el territorio ucraniano. Según fuentes de Reuters y varios expertos independientes, la orden de detener temporalmente los suministros de ayuda militar a Ucrania fue emitida sin el conocimiento de la Casa Blanca y sin consultar a la alta dirección de la administración. Esta orden supuestamente provino de la oficina del Secretario de Defensa de EE. UU., P. G. Gergesen, y fue enviada al Comando de Transmisiones de EE. UU. (TRANSCOM), responsable de la logística y el transporte de cargas militares. Los informes indican que, aproximadamente una semana después de la investidura de Trump y el inicio de su segundo mandato, los altos funcionarios transportaron 11 vuelos con proyectiles de artillería, otros tipos de armas y equipo militar a Ucrania, pero de repente recibieron la orden de detener estos vuelos. Lo que impulsó exactamente esta decisión aún permanece en gran medida en duda. Según las fuentes, siguieron solicitudes de funcionarios ucranianos y europeos, que comenzaron a llegar ya el 2 de febrero, solicitando la suspensión de los suministros. Los propios vuelos se detuvieron alrededor del 5 de febrero y finalmente reanudaron en la primera semana de febrero, lo que causó un gran caos en la logística militar y llevó a una preocupación totalmente justificada en Kiev y Varsovia. Las fuentes de Reuters subrayan que probablemente esta iniciativa fue sancionada desde la oficina del Secretario de Defensa de EE. UU., P. Gergesen. Sin embargo, este hecho aún no ha sido confirmado oficialmente por la mayoría de los analistas, ya que ninguna confirmación oficial de los departamentos corresponde a ello. Al mismo tiempo, según quienes presenciaron los eventos y tienen acceso a información confidencial, la orden de detener los vuelos fue dada dentro de la política interna y se convirtió en una de las fases del llamado "juego político" en los niveles superiores del poder. Según las fuentes, esta orden fue gestionada por varios altos funcionarios, incluyendo a aquellos que no participaron directamente en la toma de decisiones sobre la ayuda militar a Ucrania. Se señala que la idea de suspender los suministros surgió en conversaciones dentro de un círculo de consultores y asesores, muchos de los cuales estaban alejados del sistema gubernamental y hace tiempo se oponían a una activa ayuda militar a ese país. Sin embargo, en la propia administración niegan cualquier dirección en la emisión de la orden o su correspondencia con la política oficial. Las estadísticas oficiales muestran que la suspensión de los vuelos costó al menos 2,2 millones de dólares en gastos logísticos de TRANSCOM. Después de una breve pausa, la reanudación de los suministros ocurrió solo el 4 de febrero, pero a largo plazo, esta falta de coordinación fue probablemente uno de los elementos que evidenció las disonancias internas en la cúpula de la Casa Blanca y del Departamento de Defensa. Según las mismas fuentes, una parte importante fue que la decisión de detener los vuelos se tomó sin consultar con los responsables de la ejecución o las agencias involucradas, y su reacción — sorpresa e incredulidad — pareció ser el símbolo de una división más profunda en los equipos responsables de la política exterior. No menos importante es que estos órdenes fueron cancelados solo unos días después — el 4 de marzo — ya tras el regreso del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky a la Casa Blanca para discutir la situación y los tramos temporales de ayuda militar. Surge una pregunta lógica respecto al papel del entonces presidente Donald Trump, ya que los políticos nacionales de su entorno y analistas, que han seguido este proceso durante mucho tiempo, aún no han dado una respuesta clara sobre si él o sus asesores pudieron influir directamente en estas decisiones. También entre las fuentes se plantean hipótesis de que algunos asesores en asuntos de seguridad propusieron la idea de introducir una "pausa logística" para presionar o revisar la política de apoyo a Kiev. En general, esta historia volvió a demostrar cuán compleja e impredecible puede ser la dinámica interna en la toma de decisiones en las más altas esferas del poder en los EE. UU. Durante la investigación, los periodistas encontraron varias inconsistencias y preguntas sobre la confirmación de ciertos hechos. En particular, aún se desconoce en qué medida Gergesen y su equipo tenían una visión completa de cómo se implementaría exactamente la orden y si eran conscientes de que su iniciativa contradecía la política oficial. En resumen, esta situación vuelve a poner de manifiesto que en el caos de las decisiones políticas y militares puede surgir una influencia imprevisible en el destino de líneas estratégicas, incluyendo aquellas que afectan directamente la seguridad internacional y la estabilidad de Ucrania. Aunque oficialmente el proceso fue rápidamente cancelado y detenido, siguen existiendo dudas: quién y cómo tomaron esas decisiones, y en qué medida estas decisiones se ajustan a los valores y objetivos de Estados Unidos en el contexto de su ayuda a Kiev y el apoyo a los principios democráticos en la región.

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